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Escribió el poeta Luis Rosales que "para ser felices basta, a veces, el puro acierto de recordar". Y ojalá, yo acertara esta tarde a recordarles lo que Ustedes ya saben.
AUTORIDADES ECLESIÁSTICAS, SR. ALCALDE Y MIEMBROS DE LA CORPORACIÓN MUNICIPAL, AUTORIDADES MILITARES, SR. PRESIDENTE DE LA JUNTA DE COFRADÍAS Y PRESIDENTES DE LAS DISTINTAS COFRADÍAS QUE COMPONEN NUESTRA SEMANA SANTA, NAZARENOS, NAZARENAS, AMIGOS TODOS.
En esta tarde del mes de marzo, de este segundo año del tercer milenio de la época cristiana, en este marco del Teatro Lope de Vega, lugar de encuentro, de tantos y tantos actos culturales llevados a cabo, en los que hemos tenido la dicha de compartir escenario y butaca, me dirijo a Ustedes, para pregonar a los cuatro vientos, que la Semana Santa ya esta aquí; que a partir de ahora, vamos a compartir algo más que el resto del año, porque todos nos vamos a acercar a Jesús, a la Virgen María y a los Santos Apóstoles. Nos vamos a identificar con el dolor que ellos sintieron, vamos a rememorar con nuestros desfiles, aquellos días, en los que se vivieron las páginas más importantes de toda la Historia de la humanidad.
La responsabilidad de la grata tarea de pronunciar este pregón es un honor inmerecido, que en algún momento es posible que atenace mi garganta. No soy persona que me distinga por mi elocuencia. No destaco por mi religiosidad, algo consustancial con esta conmemoración. No soy persona de gracia, para saber contar con detalle nuestra historia. Tampoco tengo vena de poeta. Pero a pesar de todo han pensado en mi, y la verdad, es que mientras me preguntaba el porqué, me empecé a ilusionar. Pensándolo bien, soy hombre de Semana Santa, me gusta la Semana Santa de Ocaña, soy Ocañense, y desde niño, Cofrade de San Juan Evangelista.
Por estas razones, acepte la invitación que me hizo mi Cofradía, a la que estoy totalmente agradecido, y de la que me siento deudor. Estas mismas razones, hacen que me sienta doblemente responsabilizado, por suceder en esta honrosa tarea, a una persona de tan alta estima, como Don Jesús Ángel Escobar Sacristán.
Una vez finalizado este prólogo, en el que se terminan las palabras de agradecimiento y presentación, empiezan los sentimientos, las vivencias de este cofrade, que durante toda su vida ha esperado la Semana Santa con las mismas ganas y con la misma ilusión, de ese niño de 7 años, con su primera túnica de terciopelo rojo, un Viernes Santo del año 1964, a las siete y media de la mañana, con mi padre. Ese día descubrí un olor especial a Viernes Santo, ese día sólo fue el principio. La semilla que habían sembrado mis progenitores, florecía por primera vez. Desde aquella primera vez hasta hoy, toda mi vida de cofrade de San Juan Evangelista.
Pero cada año todo vuelve a comenzar de la misma forma, todos los Viernes Santos vuelvo a descubrir ese olor especial, todos los Viernes Santos vuelvo a la misma casa. En ella mi madre ya me ha preparado mi túnica, mi capa, mis cordones, mis guantes, mis sandalias, y mi cetro de Nazareno. En ella vuelvo a recobrar la ilusión, esa ilusión que sembraron en mi, y que yo sembré en mis hijos. Ahora, de esa vieja casa salen más Nazarenos, y espero que sigan saliendo durante muchos años, porque será la prueba de que esa semilla sigue viva, que florece, primavera tras primavera, aportando lo mejor de nuestras vidas a nuestra Semana Santa.
La Semana Santa de Ocaña, con el paso de los años ha ganado en brillantez, esta mucho mejor organizada, tiene más medios, más cofrades, mejores andas, y discurre en la mayoría de los casos por las mejores calles de nuestro pueblo.
Sin embargo, dentro de lo más íntimo de mí, echo de menos cosas de aquellos años 70 y 80, en los que seguramente los desfiles, principalmente la procesión del Viernes por la mañana, eran más desorganizados, más largos, y marchaban por peores calles. Pero en mis recuerdos, yo jamás podré olvidar las "paradas" de la procesión, sobre todo la de la Iglesia de San Juan.
Es cierto que se ha ganado en brillantez y en organización, pero no puedo evitar sentir que algo me falta. Esa media hora daba mucho de si, no sólo se utilizaba para comer y beber, era media hora de convivencia, entre todos los amigos, cada uno de distinta cofradía, nos juntábamos vestidos con nuestras túnicas, charlábamos de la procesión, de como íbamos, si habíamos llevado a nuestra imagen, si nos dolía el hombro, en fin, pequeñas cosas que ahora no hacemos.
Estas pequeñas cosas, no empañan el avance que los tiempos y las ideas han causado en nuestra Fiesta Cristiana.
La Semana Santa de mi niñez y juventud se sustentaba en un modelo de sociedad con unos sólidos cimientos. Había un orden establecido, una jerarquía de valores, y de clases, que hacía impensable que pudiera modificarse algo, y se hacía fácil conservar un año tras otro, lo que era tradición, lo que era costumbre. La religiosidad estaba muy arraigada en la sociedad, y la Semana Santa era la celebración en la que más se dejaba notar esa religiosidad del pueblo en la calle. No eran tiempos fáciles, existían muchas más necesidades, y no teníamos tantos recursos. Lo que tampoco existían eran conflictos, porque el orden establecido, dictaba las normas, con un rigor casi obsesivo, de lo que debía ser, lo que se debía hacer, y hasta lo que se debía pensar, y todo transcurría año tras año, en la mas absoluta monotonía.
En los últimos años, la Semana Santa se sustenta en un modelo de sociedad totalmente distinto. En un modelo de sociedad basado en la igualdad y la libertad, respetándonos todos, dentro del orden mínimo de todas las cofradías. Esta igualdad, se ha ganado a pulso, año tras año, y se ha asentado en nuestro pueblo, quiera Dios para siempre.
La Semana Santa de Ocaña hoy, es una asociación de arte y de tradición, que ha hermanado fe y devoción popular. Con el tiempo ha ido creciendo, se ha enriquecido de pasos y de gestos, en ocasiones ha languidecido, pero nunca ha muerto, porque es difícil que se acabe con lo que ha arraigado en nuestras almas. Gracias al trabajo de la Junta de Cofradías, se ha renovado la belleza exterior, revitalizando la tradición, no sólo como atracción turística, sino como reclamo de fe. Incluso para aquellos, que distantes de la práctica religiosa, se maravillan de la serenidad de nuestros pasos, y se conmueven ante la honda expresividad doliente de nuestras imágenes. Es original, porque la originalidad no es sólo inventar, mas bien, reside en heredar la historia y reescribirla, en actualizar la tradición, con elementos propios e innovadores, sin perder ni un ápice de tradición ni de historia.
De Domingo a Domingo, una semana de corazón, de alma, un camino estremecido de emociones hacia la Pascua. Ésta es la realidad fundamental, que ya se ve anticipada en el Domingo de Ramos, y nos da la clave, de todo lo que viene después.
"Al llegar cerca de Betfagé y de Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos discípulos, diciendo: Id a la aldea de enfrente, al entrar encontrareis un borriquillo atado, sobre el que nadie ha montado aún, desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo desatáis, diréis que el Señor lo necesita..." (Lucas 19,29)
"Y trajeron el pollino a Jesús, y habiéndole aparejado con los vestidos de ellos, monto en él." (Mc.. 11,7)
Domingo de Ramos, domingo de bullicio, de niños sueltos, alocados en una feliz algarabía de ramos y de palmas. Es un día con un sentimiento especial para los que tenemos la suerte de ser padres. Es el día de los zapatos nuevos, el día en el que tu hijo abandona los vaqueros, las camisetas, y el chándal, y te dice "Papa hazme el nudo de la corbata". Sientes que ese hijo tuyo va a seguir tus pasos, que recoge tus tradiciones, y te hace feliz; porque el testigo que tu recibiste de tus padres, lo están cogiendo tus hijos.
¿Alégrate, Señor, el Ruido ronco
deste Recibimiento que miramos?
Pues mira que hoy, mi Dios, te dan los Ramos
por darte el Viernes más desnudo el tronco.
Hoy te reciben con los Ramos bellos;
aplauso sospechoso, si se advierte;
pues de aquí a poco, para darte muerte,
te irán con armas a buscar entre ellos.
Y porque la malicia más se arguya
de nación a su Propio Rey tirana,
hoy te ofrecen sus capas, y mañana
suertes verás echar sobre la tuya.
Francisco de Quebedo y Villegas
Ya no se trata de aquella inconsciencia del primer Domingo de Ramos, de aquellos vivas, que después se convertirán en las mismas gargantas en un muera, crucifícale. Para nosotros, este paseo de Cristo, esta entrada triunfal, es pórtico de la pasión y de la gloria. La alegría de hoy no es sedante, es la fuerza anticipada, que nos hará vivir intensamente los días posteriores del llanto.
Comienza la Semana, se empieza a vislumbrar lo que se aproxima. La Cofradía del Cristo Rey de los Mártires, nos acerca de golpe a la cruda realidad. Es Lunes Santo y a las 9 de la noche, por la puerta de la iglesia de la Carmelitas, aparece ese Cristo. Bella estampa, para una noche bella, en la que por encima de todo Jesucristo nos trae su Cruz.
Es cierto, que hoy asistimos a la desaparición progresiva del símbolo de la cruz. Desaparece de las casas de los vivos, y como mucho, la mantenemos en las tumbas de los muertos. Pero sobre todo, desaparece del corazón de muchos hombres, a quienes les molesta, seguir a un hombre muerto y clavado en la cruz. Sin embargo, a pesar de ello, la cruz es inseparable de la vida del cristiano. Ser cristiano ayer, hoy y mañana, será abrazar con el corazón la cruz de Cristo y hacerla nuestra, porque en ella está nuestra salvación.
Al anochecer del Martes Santo, tiene lugar el traslado Procesional de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, desde la Iglesia de Santa Clara, hasta la Iglesia de San Juan.
Joven cofradía, que ha sabido calar en este pueblo, y hacerse con una importante cuota de nuestra sociedad. Es difícil encontrar una familia en Ocaña, que no tenga un miembro Penitente. El motivo, posiblemente se deba, a lo oportuno de su creación. En unos años en los que la Semana Santa estaba necesitada de un impulso regenerador, y era preciso romper con muchos de los tópicos que aún existían.
El Miércoles Santo en Ocaña es Verónico. Son distintos, son queridos, son de nuestro pueblo, y tienen algo especial. Ellos lo llaman Espíritu Verónico. Lo cierto, es que el Miércoles todo el mundo respira de otra forma, nos llenan de su alegría, nos irradian con su felicidad, nos impregnan de su valentía. Estos verónicos, al igual que La Santa Mujer Verónica, no se esconden, se les ve y se les escucha, no tienen complejos. Con su actitud nos recuerdan que lo importante de esta vida, es dar el paso, no esconderse jamás. Por muchos tropezones que demos, siempre esta ese momento de dar un paso adelante, y sacar ese espíritu valiente.
Para un cofrade de San Juan Evangelista, la Cofradía de la Santa Mujer Verónica es su segunda casa, y la Verónica, es el rostro humano del amor.
Indescriptible sensación, la que recorre todo nuestro ser, erizándonos el vello, y acelerando el pálpito de nuestros corazones, cuando la cofradía de los Armados de Jesús Nazareno, desfilando con sus centenarias armaduras, irrumpen en la Iglesia, para asistir a los Oficios del Jueves Santo, y cuando realizan los cambios de guardia en la Capilla de Jesús.
Como indescriptible es este día para los Ocañenses. Nos ponemos nuestras mejores prendas, para demostrar al mundo, que es el día más importante del año, y a la vez, somos capaces de vivir intensamente la Pasión de Cristo. Empieza la gran lección, Jesús nos enseña que aún siendo Hijo del Padre, es capaz de lavar los pies a la humanidad, recreándolo en la figura de sus discípulos. Nos sigue enseñando, que aún sabiéndose traicionado, fue capaz de ofrecer Su cuerpo y Su sangre, no sólo a sus incondicionales, sino al traidor, que se atrevió a venderle por un puñado de monedas. Ahora si, ahora comienza la Pasión.
"Tomo entonces Pilatos a Jesús, y mandó azotarle. Y los soldados formaron una corona de espinas entretejidas, y se la pusieron sobre la cabeza; y le vistieron una ropa o manto de púrpura. Y se arrimaban a Él, y decían ¡oh rey de los judíos¡, y dábanle de bofetadas". (Jn 19, 1-2-3)
En Ocaña la gente está nerviosa, esperando a que aparezca por la puerta el Condenado a muerte. Un lento y pesado mecerse suena dentro del templo sobrio. Se oye tremenda, la frase que conmovió los quicios de la historia: "Ecce Homo", "he aquí al hombre". Cuanto sufrimiento sale por una misma puerta, ¡qué compendio de pasión!. En la calle están esperando sus cofrades, cargando sobre sus hombros toscas cruces nazarenas. Ellos, pretenden rememorar, el tortuoso camino del Maestro hacia su Calvario.
Llegó la hora, a las puertas se asoma el Señor en persona, en la soberana realeza de su divinidad, oculta bajo la piel sangrante del hombre, coronado de espinas y amoratado por la tortura, con las manos atadas, paseando su mirada sobre la gente, que quedamos mudos durante un momento eterno.
En Él estaba la Vida y la Vida era Luz de los hombres (Jn.1, 4)
He querido que las palabras de San Juan Evangelista, marquen el inicio del Viernes Santo, pues de su hondo significado se inunda este día. Luz y Vida, frente a la tiniebla y la muerte.
En nuestro pueblo, muy de mañana las calles se llenan de Nazarenos, nos vamos buscando todas las cofradías, y juntos desfilamos, haciendo una bella parada en la Plaza Mayor, para "recoger" a las autoridades. Es un momento bonito, que da inicio a la gran procesión.
Y la puerta se abrió, y de ella, en primer lugar aparece la Reina Santa Elena, que aunque lejana en el tiempo, dedicó toda su vida a Jesús. Ella, abriendo la procesión, nos va enseñando el gran símbolo de la cristiandad, la Cruz.
Llegó el momento esperado, del templo, ondeando su pelo al viento, aparece la figura del Jesús Nazareno de Ocaña. A hombros de sus cofrades, inicia el camino al Calvario, el camino a la crucifixión, el camino hacia la muerte.
Detrás, dos personas le van siguiendo, Juan, su discípulo predilecto, al que Él amó, el que reclinaba la cabeza en Su pecho, el discípulo elegido para cuidar a su madre, nuestro San Juan Evangelista. Solo San Juan y la Virgen María, son capaces de seguir los pasos de Jesús en la Pasión.
"Al salir de la ciudad, encontraron a un hombre natural de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús." (Mt 27,32)
Tiemblan las piedras de la Plaza Mayor, porque el Señor ha hincado las rodillas en la tierra. Pesa el aire, que rodea a Jesús Caído. No está solo, aunque lo parezca. Su Madre, el Discípulo que Él amó, y la Reina Santa Elena, observan impotentes su sufrimiento. San Juan nos señala cuál es el corazón de la Semana Santa, alza su mirada al cielo, y nos indica el camino.
Que gran altar para los Ocañenses, esta Plaza Mayor, para el Señor de la mirada vidriosa, para el Cristo, que baja hasta el suelo de Ocaña, a vivir más cerca de nosotros.
Cuentan los evangelios, que una mujer se acercó a Él, cuando iba camino del calvario, y con un pañuelo, secó de su rostro el sudor y la sangre, quedando en el mismo grabada la cara de Jesús.
Bello retrato el que representamos en Ocaña, en la segunda caída. De nuevo ha hincado la rodilla en el suelo, de nuevo, a su lado San Juan, su madre la Virgen de la Soledad y la Reina Santa Elena.
La Verónica, con su valentía irrumpe en la procesión, trasmitiendo, no solo el rostro de Jesús, que ya es importante, además, nos trasmite su amor. Ella también ha caído muchas veces, pero ella, se ha levantado siempre.
La Virgen de la Soledad, no puede evitar derramar lágrimas, al ver la cara grabada de su hijo, en el pañuelo de la Verónica.
Sigue la procesión, Jesús cada vez esta mas cerca de fundirse con la Cruz, pero aún el sufrimiento es grande, y en su camino de dolor, por tercera vez dobla la rodilla. Es el último gran momento emotivo de la procesión, los mismos protagonistas y el mismo mensaje. Y Jesús se vuelve a levantar, para, en un último gran esfuerzo, encaminarse firmemente hacia su destino, hacia su cruz.
Lo crucificaron entre dos ladrones, en las afueras de Jerusalén, en una colina llamada Gólgota.
"Habiendo mirado, Jesús a su Madre y al discípulo que Él amaba, el cual estaba allí, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. A continuación dijo: Tengo sed. Pusieron en una caña una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a los labios. Cuando probó el vinagre dijo: Todo esta cumplido, e inclinando la cabeza, entregó su espíritu". (Sj 19)
No siente Jesús la herida,
por donde brota la sangre,
que solo siente las penas,
que atormentan a su Madre.
Por eso, lanza un mensaje,
a su Discípulo amado,
¡Cuídala Juan con amor!
el mismo, que yo te he dado.
Que no le falte cariño,
que no le falten cuidados,
que es la madre mas piadosa
que Dios, al mundo le ha dado.
Cae la tarde, todo está consumado. La música de nuestras noches ha quedado dormida. Túnicas de luto arrastran su pena. La luz se apaga. Cae la oscuridad, y todo se torna negro.
"En verdad, en verdad os digo, que si el grano de trigo, después de echado en tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto" (Sj 12,24)
Virgen de los Dolores, Reina de silencio, Altar de resignación. Cuando te asomas, para encontrarte con esas hebras de sol de media tarde, son muchos los corazones que te esperan, y que parecen querer huir del pecho. Te esperan pupilas llenas de lágrimas, y un cielo de zafiro por el que revolotean un puñado de aves de primavera. Voy a tu vera Señora, como todos estos años. Estamos aquí, todos aquellos que construimos altares distintos día a día, y que nos prestamos a la melancolía de tu ausencia. Aquí estamos, peleando contra la insolencia del olvido, esperando tomar nota de las enseñanzas de tu hijo.
Deslumbra y enamora a Ocaña, la Virgen de los Dolores. Tierna imagen que baja la mirada. Llanto, que no encuentra alivio, ni en sus cofrades, ni en la belleza de su trono.
De nuevo hemos vencido al tiempo. De nuevo, el nazareno cuenta los años que han pasado, desde que alguien le puso sobre los hombros, la dulce carga del amor. La Virgen de los Dolores, la dulce Reina, a la que ni las lágrimas mitigan su majestad, se acerca altísima en su paso, inabarcable en su dolor humano. La música celestial que la acompaña se eleva como luz, y sus ojos iluminan la oscuridad de la plaza.
A Ti, mi Madre afligida
no sé lo que dedicarte,
que aunque tu pena hago mía,
poca cosa es mi poesía
para poder consolarte.
No consigo imaginarme
desde mi mayor fervor,
mi miseria y mi torpeza,
si es más grande tu dolor
que sublime tu belleza
Por eso, sólo un suspiro
lanzo a tu sereno paso
que despierta mil amores,
¡ay, Madre del Nazareno!,
¡mi Virgen de los Dolores!
Sube el negro de muerte hasta el cielo, y el viento se detiene respetuoso, ante el Entierro de Cristo. Paz absoluta, en el Señor del Santo Sepulcro, sólo la sobriedad de su imagen, reliquia de tantos y tantos Viernes Santos. Nadie se atreve a levantar la voz, para no turbar la paz del Señor en la frialdad de su sepulcro. En la Plaza Mayor, cuando hace su entrada el Santo Sepulcro, sólo el escalofrío y la emoción, nos salvan de la oscuridad.
Nazareno,
mece despacio a Jesús,
porque ha muerto por amor,
en el árbol de la Cruz.
Que no le roce el aire
que se mece con la brisa
para que no se dilate,
el manantial de sus heridas.
Ni la ráfaga de luz
ni el aroma del azahar
ni el sonido del badajo
cuando vayas a llamar.
Nazareno,
que no rocen a Jesús,
ni del azahar su olor,
ni del lucero la luz,
porque ha muerto por amor.
"Entonces de todas la tumbas esparcidas por los continentes de nuestro planeta, hay una en la que el Hijo de Dios, el hombre Jesucristo, ha vencido a la muerte. El árbol de la vida del que el hombre fue alejado por su pecado, se ha revelado nuevamente a los hombres en el cuerpo de Cristo. Aunque se multipliquen siempre las tumbas en nuestro planeta, aunque crezca el cementerio en el que el hombre surgido del polvo retorna al polvo, todos los hombres que contemplan el sepulcro de Jesucristo viven en la esperanza de la resurrección" (Karol Wojtyla)
San Juan, de nuevo va a ser testigo principal de la Gloria del Maestro. Cuando María Magdalena dio la noticia de que el sepulcro se hallaba abierto, Pedro y Juan acudieron inmediatamente, Juan que era el más joven llegó primero, no obstante esperó a Pedro, y los dos entraron vieron y creyeron.
¿Qué sucede?, ¿qué acontece? ¿por qué tanta algarabía?
¿por qué la gente sonríe?, ¿por qué hay tanta alegría?
"¿no lo sabes?", me responden, "¡Jesús ha resucitado!
se levantó de la tumba, el sepulcro ha abandonado"
Continué interrogando a quien así respondió
pues yo nunca había escuchado de Jesucristo el Señor.
Otra persona me dijo: "Él pagó por ti y por mí,
por los pecados de todos, en la cruz vino a morir."
Profundamente analizo, esta grandiosa noticia;
Y al decirme que Su sangre, lavó mi inmundicia,
me conmuevo hondamente, le abro mi corazón
y humildemente recibo a Jesús el Salvador.
Yo también me uno a todos y con mi canto le alabo,
El bendito Redentor mi pecado a perdonado.
Hoy con gozo y alegría a los demás notifico:
"¡el sepulcro abandonó! ¡No esta muerto Jesucristo!"
En Ocaña, de nuevo en la Plaza Mayor, la luz del sol es un torrente desbordado de un brillo especial, un grito de salvación tapiza de miel las gargantas: ¡JESÚS HA RESUCITADO!.
Y cae el negro manto, en un vuelo blanco de palomas, en un repique estremecido de campanas, en un sonar de sirenas, que convocan a la alegría y a la esperanza, que ya nada puede hablar de muerte, que la vida se escapa a raudales, con la luz que inunda la mañana, y se desborda por las caras y las sonrisas.
Quiero anunciaros la gran paradoja salvadora: CRISTO QUE MUERE Y RESUCITA.
Esta es la buena nueva que trae el pregonero, la noticia feliz, cargada de esperanza y de futuro, en este momento emblemático de nuestra historia, en este momento tremendo y magnífico. Momento en el que la comunicación nos ha convertido en ciudadanos de la misma aldea, y nada de lo que ocurre puede sernos ajeno. Momento en que la solidaridad se siente como nunca, y el dolor de los hombres desestabiliza nuestra tranquilidad, y afortunadamente no nos deja comer en paz. Momento también terrible, de rivalidades feroces, de guerras encarnizadas, cuando el terrorismo, el hambre, la prepotencia de los poderosos, el reparto justo de la riqueza, la violencia fratricida, tantos problemas aún no resueltos, martillean nuestra conciencia. En este momento que podría parecer abocado al pesimismo, la noticia de esta Semana Santa, es que la muerte ha sido definitivamente vencida, y siempre, absolutamente siempre, estamos llamados a la vida y a un futuro de esperanza.
Este es el pregón fundamental, la realidad, que a lo largo de los siglos venimos celebrando y representando en la Semana Santa, que aúna tradición y arte, como vehículo estremecido y maravillado de la fe de los Ocañenses, y se convierte así, en la expresión plástica, del misterio de amor más antiguo del mundo: "Dios que ama al hombre, sigue presente entre nosotros".
Llegado a este punto, no puedo terminar sin intentar subrayar, la figura de San Juan "el hijo del trueno", y lo que representó en la Pasión, ya que fue el único apóstol que participó en todos los grandes momentos, no se escondió, ni negó, ni abandonó al Salvador.
Jesús se le llevó a la transfiguración al Tabor. Estuvo presente en Su agonía en el Huerto de los Olivos. Fue el elegido, junto a Pedro, para preparar la última cena, en el transcurso de ella, Juan reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús, y fue a Juan a quien el Maestro indicó el nombre del discípulo que iba a traicionarle. También estuvo a Su lado en el pie de la Cruz, junto a la Virgen María, y estaba allí cuando Jesús murió, y justo antes de morir le fue concedido el privilegio de llevar físicamente a María a su propia casa, y honrarla, como a una verdadera madre. Fue también el primero, junto a Pedro, en creer en la Resurrección.
Su vida fue muy larga, y dedicada únicamente a llevar el Evangelio a la gente, y escribió su evangelio como el mismo nos revela, para que podamos creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que al creer, tengamos la vida en Su nombre.
Quiero también, tener un recuerdo especial para esas personas que han dedicado su vida a nuestra hermandad, y que hoy nos están viendo y oyendo desde el cielo.
Por último, me van a permitir ofrecer este Pregón, a mi mujer y a mis hijos, por saber soportarme, por quererme, por hacer que me sienta orgulloso de ellos, por que les quiero.
Gracias a todos Ustedes por escucharme, espero y deseo, que sientan nuestra SEMANA SANTA, y como decía San Juan:
"hijitos míos, amaos entre vosotros"
Gracias.
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