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Pregón Semana Santa 1992
Victor Manulel Martínez Osorio      

Victor Manuel Martínez Osorio

Pregonero de la Semana Santa de Ocaña

Año 1992

     

(Al comenzar el pregón, ocho nazarenos de San Juan Evangelista entraron en el teatro por el fondo, al toque de la corneta de Viernes Santo, y se situaron en el escenario)

ILMO. ALCALDE
ILMAS. AUTORIDADES.
SR. PRESIDENTE DE LA JUNTA DE COFRADÍAS
BELLA Y AMABLE PRESENTADORA
SEÑORAS, SEÑORES
QUERIDOS AMIGOS:

Acudo hoy a esta tradicional y entrañable velada del Pregón de la Semana Santa, al tiempo agradecido y abrumado, lleno de orgullo, pero, al mismo tiempo temeroso, con mil sensaciones rondándome la cabeza, paladeando todavía la dulce noticia que para mí supuso recibir el encargo de pregonar la Semana Santa de Ocaña por y en representación de la Cofradía de San Juan Evangelista.

Hace seis años recibí el encargo por parte del entonces Presidente de la Junta de Cofradías, D. Santiago Gómez Monedero, de presentar un ciclo de pregones a cargo cada año de una cofradía. En aquel momento, cuando presentaba al primer orador, el Presidente de la Cofradía de la Santa Mujer Verónica, D. Jesús Sancho, no podía imaginarme que años después sería yo el que tuviera que recoger el testigo, emprender una carrera en la que intente dejar el pabellón de mi hermandad lo más alto posible y pasarlo el año que viene a otra como continuación al espíritu fraternal que ha primado estos años.

Pasado ya el ecuador de este ciclo, creo que puedo felicitar a nuestro común amigo Santia y a sus entonces colaboradores por el éxito de esta iniciativa. Durante este periodo hemos visto, año tras año, con afán de superación, muestras entrañables y emocionadas de amor hacia nuestra Semana Santa y trabajos en los que el cariño ha convertido a nuestros amigos en los mejores oradores que en este concreto tema se hubiera podido encontrar.

Hubo discursos que glosaron la historia centenaria de nuestras Hermandades, otros describieron con maestría la majestuosidad de nuestros desfiles, yo ..., nosotros, diría mejor, quisiéramos narrar la magia de cada uno de los actos que desde mañana vamos a celebrar hasta el domingo de Resurrección, desde le prisma de la familia cristiana que formamos y de esta juventud que nos llega porque se identifica con un Santo joven.

Pero esta juventud, en su mayor parte, es el fruto recogido de una preciosa siembra efectuada hace ya muchos años. Terminada la contienda civil, un grupo de jóvenes pertenecientes a familias de rancio afincamiento y raigambre olcade, reconstruyeron la Hermandad. Hoy la entregan a sus hijos y nietos que forman el caudal más importante de nuestras filas, incrementado por las nuevas incorporaciones que, atraídas por el entusiasmo y las innovaciones de los presentes, aportan el imprescindible aire nuevo que respiramos.

Juan, apóstol y evangelista, llamado también por los Santos Padres el Teólogo, es el más íntimo y familiar de Cristo. Su nombre se conmemora diez veces en los evangelios sinópticos, nueve en el cuarto evangelio y una en los Actos y en la Epístola a los Gálatas respectivamente. Pero solo voy a dedicar algún minuto a narrar algunas pinceladas de su juventud, edad en la que conoció y convivió con Jesús y le acompañó en la Semana Santa que Cristo vivió en la tierra.

Según la Sagrada Escritura, San Juan fue galileo, natural de Betsaida, hijo de Zebedeo y Salomé. Era hermano menor de Santiago "el mayor", a cuyo nombre va de ordinario unido en la enumeración de los apóstoles y pospuesto a él. Su oficio, como el de su padre y hermano, era el de pescador, aunque de posición bastante holgada que permitía a su padre poseer varias barcas y tener trabajadores a su servicio. Su madre era una de las piadosas mujeres que acompañaban a Jesús en Galilea y le sustentaban con sus bienes. Vino en conocimiento de Jesús por medio del "bautista" cuyo discípulo era. Señalado Jesús por Juan Bautista como cordero de Dios, Juan y Andrés se levantaron y acompañaron a Jesús a su habitación y habiendo estado con él todo el día quedaron persuadidos de que habían hallado al salvador del mundo. Las circunstancias de este primera entrevista con Cristo quedaron profundamente grabadas en su alma y produjeron en él el sentimiento de un profundo amor y adhesión a la persona de Jesucristo, de quién ya no pudo apartarse. Siguió a Jesús con Andrés y Pedro a Galilea, asistió a las bodas de Caná, le acompañó a Cafarnaún y luego a Jerusalén y se volvió entonces provisionalmente a su patria y a su oficio. Después de la pesca milagrosa, fiel a la voz del maestro que le llamaba a vida más perfecta, dejó su familia y hacienda para seguir a Cristo como discípulo. Luego fue elegido para el apostolado donde pronto le vemos ocupar lugar muy distinguido. Con Pedro y Santiago asistió a la resurrección de la hija de Jairo, a la transfiguración y a la agonía del Huerto. Más lo que principalmente distingue a San Juan de los otros apóstoles es haber sido objeto de singular predilección y ternura por parte de Jesús, manifestada de forma especial en la última cena al permitirle descansar su cabeza sobre su sagrado pecho y hacerle saber el nombre del traidor. Juan mismo nos da cuenta de su íntima amistad entre Maestro y discípulo al designarse así mismo con "el discípulo que amaba a Jesús". El carácter ardiente y amoroso de Juan le hacía digno de aquel tierno afecto de su Señor, fundado también, sin duda, en la prerrogativa de la virginidad que toda la tradición unánime atribuye al discípulo amado. Su celo por la gloria de Jesús estaba marcado al principio por una dureza y amargura que hizo fuera reprendido por el Salvador. Solo la dulzura y mansedumbre del corazón de Cristo suavizó la energía del "hijo del trueno" y le inspiró los sentimientos de conmiseración hacia los pecadores que muestra en sus epístolas. Al principio de la Pasión huye como los demás apóstoles, pero pronto, el amor de su maestro le impulsa a seguirle al calvario hasta el pié de la cruz, donde recibió el legado más precioso de Cristo moribundo, su santísima madre, a quién desde entonces consideró como madre suya....


(Se escenificó la escena del calvario en la que Cristo entregó a su madre a San Juan y viceversa. Una voz en off leía el sermón de las siete palabras. Después los nazarenos formaron en filas procesionales al toque del tambor y sonó una saeta desde un palco del teatro)

Y de nuestra Semana Santa, ¿Qué puedo decir yo a un pueblo que en estas fechas se caracteriza por la absorción total de la vida y las preocupaciones del vecindario, que durante unos días, no piensa, no habla ni quiere enterarse sino de las procesiones?. Esta obsesión hace que cofrades y no cofrades tomen parte en las solemnidades, los unos en las filas de nazarenos y los otros sirviendo de marco en calles y balcones.

Consecuencia de la anulación de toda otra manifestación de existencia es que el fervor de misticismo de los creyentes, al caer sobre el respetuoso silencio de los demás, acusa una sensación de seriedad y orden que obedece a la consigna dada por la Junta de Cofradías.

Junta de Cofradías, verdadero motor de la Semana Santa, grupo de hombres y mujeres a los que sería injusto no mencionar también en este acto. Siempre hubo personas que al llegar estos días entregaban su bien más preciado, el tiempo, en prepararlas y prepararnos. Recuerdo como durante mi infancia, en la Semana de Pasión se realizaban en los colegios las llamadas "charlas" donde empezábamos a vivir con apasionamiento los momentos que se acercaban.

El entusiasmo de los actuales miembros por estas fiestas religiosas hace que cada año se añada una modificación y el drama divino del calvario vaya completando así todas las escenas de la Pasión del Hijo de Dios.

Cuando todos los que aquí residen ya celebraron la entrada triunfal de Jesús entre palmas y ramos de olivo, vieron como Cristo Rey se alzó por los brazos de sus cofrades tras un camino de paz y perdón y nos contagiamos todos del espíritu verónico, nuestros paisanos que residen en otros lugares llegan a Ocaña el Jueves Santo a la cita anual a la que no pueden faltar y el pueblo celebra aún más el dulce embrujo que esta tarde nos va a contagiar.

Delante de nosotros, Jesús cena con sus apóstoles. Al festín acudimos con lo mejor que tenemos, nuestro tesoro: armaduras históricas y centenarias a las que dan vida los cofrades armados de Jesús que velan en guardia de honor ante el Señor.

Llega la noche más larga del Señor y muchos con él hacen penitencia y con imágenes nos recuerdan lo que pasó. Suena, como un eco remoto durante muchas horas, el dejo entristecedor del motete que sonó al llegar pasos y penitentes a la plaza y que parece poblar de las visiones obsesionantes de los terribles autos de fe del siglo dieciséis las solitarias calles de los barrios de San Martín, San Juan y Santa María.

Bastante después de la media noche, de una noche que el cercano plenilunio encanta y transfigura, regresa la procesión a la iglesia de salida, Santo Domingo, excepto el paso de Jesús de Medinaceli, cuya imagen recibe culto ordinario en la iglesia de Santa Clara, donde es venerada con gran fervor por el pueblo durante todo el año, especialmente los viernes de marzo.

Apenas sale el sol, un característico ruido suena por las calles y callejones de la villa. Es el eco del cetro sobre el asfalto y la piedra. Cofrades de distintas hermandades se cruzan presurosos en dirección a diferentes destinos y convierten Ocaña en un crucigrama multicolor mientras, en las casas, el potaje hierve a fuego lento, ya está preparado el bacalao y se asientan las torrijas, pues hoy no es día de hacer fogones en su hora. Jesús entra tarde y hay que vivirlo hasta el último momento. Es Viernes Santo, es el día más grande en Ocaña.

Suena el cornetín en la Plaza Mayor, silencio.

Multitud de túnicas que como espíritus colgaban en las casas días atrás buscando su natural planchado, lucen hoy en el esplendoroso marco. Las autoridades en pleno y el resto del distinguido protocolo nos acompañan hasta Santa María, destaca la belleza toledana resaltada por peineta y mantilla.

Y allí está él, con su divino rostro que soporta nuestra mirada y nos eriza el vello, con Cirineo cual descansillo de sus cofrades y con su cruz.

Que cada uno interprete su cruz, la literatura de su cruz, la imagen de su cruz, la poesía de su cruz, la música de su cruz. La cruz es tan particular que su interpretación pertenece al silencio más antiguo del hombre, esta es la mía...

Más sencilla... más sencilla
sin barroquismos
sin añadidos ni ornamentos
que se vean desnudos los maderos
desnudos y decididamente muertos
los brazos en abrazo hacia la tierra
y el astil disparándose a los cielos
que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto
este equilibrio humano
de los dos mandamientos
más sencilla... más sencilla
hazle una cruz sencilla... carpintero.

Atravesando las primeras calles de su carrera, Jesús llega a la plaza e inca por primera vez sus rodillas en el suelo. La emoción de oir en ese momento los acordes lacrimosos del miserere subyuga el ánimo y lo prepara para entregarse a la dulzura de la oración y la penitencia.

Terminamos de besar su pié ya en su capilla y de nuevo queda sólo; no, solo no, con su madre, Soledad, envuelta en lágrimas.

Reaccionamos y encontramos solitario su catafalco y a su madre, Dolorosa, aquella virgen que por el sol del estío, morena en Septiembre celebramos y que hoy sufre por el dolor y la soledad que le produce la muerte de su hijo.

Ay, Virgen de los Dolores,
Virgen de la Soledad,
con negro manto enlutada
patrona de los olcades
la imagen más venerada
todos juntos se arrodillan
cuando tus lágrimas brillan
como perlas cultivadas
¿qué tienes Virgen de Ocaña
que a quién te mira le hechizas
y en sus horas de dolor
todos imploran tu nombre?
Bendita madre de Cristo
Que hasta a los nada creyentes
algo les dice su instinto
haciendo evocar tu nombre
tú que reinas en los hombres
a mi alma da pureza
sacúdeme la tristeza
y cuando este Viernes Santo
tu imagen salga a la calle
con mi pereza te ensañas
quiero seguirte y rezarte
gritando con gran fervor
tú eres la madre de Dios
tú eres la Reina de Ocaña.

¡Aleluya! El pueblo está bello, y está bello porque está lleno de mujeres, aleluya que cae de las ventanas porque algo está pasando, aleluya anuncia una sirena, a aleluya nos suena la marcha real, aleluya nos imaginamos porque hemos encontrado un manto negro perdido en el camino. Las lágrimas que brotan de los ojos de alguna nazarena cuando vuelve su capa de luto en blanco de gracia es el reflejo de lo que siente Ocaña en esos momentos.

Una vez más Cristo ha vencido, nos lo anuncian nuestras mujeres que mantean un pelele que nos acongojó durante toda la semana.

El nazareno que preparó estos días con ilusión guarda ya con cariño enseres y ornamentos y hace proyectos para la Semana Santa 1993. Estos días de confraternidad han pasado, pero cuando durante el largo año nos encontremos con un cofrade, en una centésima de segundo pasara por nuestra mente "ese es mi hermano" y esto es lo grande de las hermandades.

Cuando alguien nos discute sobre nuestra cultura y no entiende nuestra tradición en Semana Santa, siempre pienso lo mismo... ¡qúe sabe nadie!, qué sabe nadie lo que sentimos dentro de un capuz, eso es algo intrínseco a nuestro carácter y no se entiende Ocaña sin Semana Santa, igual que en la Semana Santa Española, tiene un puesto digno y destacado la Semana Santa de Ocaña.

Quiero en estos momentos agradecer a la Junta de Cofradías, coral Santo Domingo de Guzmán y grupo de teatro Plaza Mayor su ayuda para organizar este pregón y en especial a mi hermandad por haberme concedido este honor que no olvidaré durante el resto de mis días. A ellos y a mi familia me hubiera gustado dedicar este acto, pero permitizme que en primer término no lo haga a vosotros sino a mi padre que ya desde mi infancia supo inculcarme su interés y fervor por la Semana Santa y espero esté viéndonos junto a San Juan, envueltos ambos en nuestra túnica granate y blanca.

Muchas gracias.

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Diseño por Jose Antonio Torralba